Actuación en la Ermita de Morillo

El tejado de la ermita de la Virgen de Morillo, gravemente afectado por las goteras en los últimos años, ha sido reparado. Fue en pleno mes de agosto y el hecho no pasó desapercibido para  todos los que se encontraban en Broto aquella mañana del lunes, día 22.

El helicóptero con base en Panticosa fue el ruidoso protagonista de los diez espectaculares vuelos en vertical que tuvo que  realizar para salvar el desnivel de 500 metros existente entre el campo de Orús, donde la semana precedente se habían depositado los palés de losa y otros materiales necesarios para el arreglo,  y la propia ermita. Clemente Serrate se encargó de desenganchar del helicóptero los enormes paquetes de 800 kilos convenientemente recubiertos de plástico y de disponerlos en la era anexa al edificio, operación que fue grabada en vídeo por nuestro consocio Rafael Viñas que se encontraba con su familia de excursión en la zona.

Dos días más tarde comenzaron los trabajos de reparación. El miércoles 24, tras el correspondiente madrugón y la obligada subida de más de una hora por el camino, un primer equipo de voluntarios se puso manos a la obra -en el sentido más literal de la expresión- a las órdenes expertas del albañil Angel Pintado. Todos se sincronizaron para cambiar alguno de los maderos de la cubierta, que se encontraba en muy mal estado, y las abundantes losas deterioradas, en un trabajo que duró toda la jornada.

De reponer las fuerzas se encargó Mª Luisa Borra, quien  preparó en el interior de la ermita suculentos y consistentes platos. Por la tarde se le unieron su hija Irene y Charo de Lorro para pasar allí mismo la noche. Los diez miembros del equipo bajaron a pernoctar a Broto, si bien tres de los componentes volvieron a subir al día siguiente, acompañados de dos nuevos efectivos, para llevar a cabo las terminaciones, construyendo incluso un banco de piedra adosado a la entrada del espacio anexo a la ermita. Jesús Díez y el que esto firma subieron también para dejar constancia gráfica de los hechos, comprobar el buen resultado del trabajo y, de paso, saborear las exquisiteces de las tres cocineras quienes, tras completar su labor gastronómica, organizaron la logística de la bajada del equipamiento, dejando el interior en perfecto estado.

Ha sido una operación colectiva dirigida por Mª Luisa en la que, aparte de los ya citados, han aportado su esfuerzo y su trabajo desinteresado in situ José Antonio y  Paco Castillón, Vicente Novás, Rubén Robles, Sergio Oliván, Jesús y Clemente Serrate, Manuel Bardají, Vicente Faustino y Martín Duaso, padre e hijo.

La obra se ha financiado conjuntamente por el Ayuntamiento de Broto, quien ha pagado la factura de los materiales por un importe de 1.775 euros, y nuestra Asociación, que ha abonado los 1.300  euros del helicóptero. En la “Operación Morillo”, lanzada en el número anterior de nuestro boletín, se han recogido 850 euros, fruto de las aportaciones de diez socios, que agradecemos desde aquí.

Haciendo un balance apresurado y personal de esta restauración, quiero confesaros que me invade un sabor agridulce. Entre lo positivo, la convicción de que los objetivos se pueden lograr con la colaboración de muchos y que el que la aporta en la medida de sus posibilidades encuentra en ello una íntima satisfacción, de la que se privan los que no lo hacen. Entre lo negativo, una pregunta: ¿Y esto para qué ha servido? Para muy poco. Me explico.

El interior de la ermita sigue estando en una situación deplorable, no hay más que mirar a los desconchados y a las pintadas de las paredes. Las pinturas del s. XVIII están a punto de desaparecer. Se precisa una restauración integral. ¿Hay profesionales que quieran hacerlo? ¿Cómo acceden a la obra? ¿Cómo se suben los materiales?  No se puede usar el helicóptero todos los días…

 

Antes existían monturas que hacían accesible la romería incluso a personas mayores. Entre mis recuerdos de infancia, guardo el de mosen Francisco de Asín, ya muy mayor, subiendo a lomos de una cabalgadura. Ahora, no hay sacerdotes en la diócesis que quieran -y puedan- subir a celebrar la misa el día de la romería. Y a partir de una cierta edad que a todos llega, los mismos habitantes de Broto que han sido siempre fieles a la misma, se ven obligados a dejarlo aunque les duela en lo más profundo de su corazón.

Todo se arreglaría con la construcción de una simple pista. Como las que acercan a las ermitas de San Mamés de Asín o a la Asunción de Oto, en las que da gusto comprobar que un gran número de personas de todas las edades acuden a ellas el día de la romería. Una pista que podría además utilizarse para fines de explotación turística, ganadera o de protección del medio ambiente.

Yo expuse la idea en un artículo que se publicó en el nº 5 de la revista Xenera en el verano de 2002 y que llevaba el título de “Morillo 2007”. Que yo sepa, y ojalá me equivoque, ninguna institución del Valle, ningún Ayuntamiento de Broto en los últimos sesenta años, ninguna asociación, ninguna fuerza política se ha planteado fehacientemente la cuestión. Más aún, me consta que hay personas en la actualidad que están en contra incluso de que se hable de este tema. No es un problema de coyuntura económica, es un problema de voluntad

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